Esta segunda parte complementa la primera y es testimonio directo de un protagonista especial: el Dr. Gustavo Adolfo Vaca Narvaja, quien con toda humildad se ofreció a reseñar parte de su historia de vida.
A él entonces nuestro agradecimiento.
La Radio.
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TRICAO MALAL
1970/1972
(Corral de Loros)
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Fue a comienzos del año 1970, cuando se inicia el plan de Salud en la provincia de Neuquén por decisión de Felipe Sapag ante la mortalidad infantil del 110 por mil que azotaba y azolaba la provincia. Una decisión política histórica que marcaría un rumbo absolutamente distinto al manejo de la Salud Pública.
Era Ministro de Bienestar Socia el amigo ya fallecido Antonio del Vas y instalaron sus proyectos en la subsecretaría de salud de la Provincia el Dr. Néstor Perrone y Elsa Moreno, Sanitaristas Nacionales que junto al equipo local con el Dr. Osvaldo Pellìn, Horacio Lores y Antonio García complementaron el primer paso para lo que sería años después el proyecto de salud más exitoso de Argentina.
Pero hubo un médico muy importante y muchas veces olvidado: El Dr. Antonio Gorgni. Un hombre que supo navegar océanos y luego recalar en Neuquén como el brazo ejecutor del proyecto. Gorgni venía de hacer una experiencia ejecutiva en Andacollo donde como delegado del Ejecutivo inició la primera urbanización del pueblo colocando el nombre a todas sus calles de pájaros y volcanes. Gorgni falleció después de la caída del proceso militar con un cuadro Terminal en un hospital de la capital Neuquina.
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En esos años, no había médicos suficientes como para implementar el ambicioso plan por lo que Gorgni, visitó uno a uno los hoteles de la capital Neuquina para que le informasen si algún médico se registraba aunque sea como turista en esos hoteles. Fue así, que por esas circunstancias especiales, conocí a las tres de la mañana al Dr. Antonio Gorgni en mi viaje de boda y mi tránsito por Neuquén, aunque mi destino era Santa Cruz, provincia en donde ya había estado de médico en los años 69 y 69. A las tres de la mañana Gorgni me hizo despertar por el conserje y comenzó a entusiasmarme sobre el nuevo plan de salud que pretendía implementar y el requerimiento de médicos jóvenes y decididos a radicarse en la zona. En esa oportunidad estaba “capturando” médicos para la zona Norte con centro en Chos Malal pero con destinos a las zonas rurales de Barrancas, Tricao Malal, Andacollo, Las ovejas, El Huecù y Cholar.
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Expeditivo, horas después nos buscó en el hotel y nos llevó a presentarnos al Ministro Antonio Del Vas, cuya simpatía y decisión política de aplicar el mandato de Felipe Sapag era de notable contagio. Y así partimos en una camioneta doble cabina con Gorgni y otro Médico de la Provincia de Bs. As Dr. Guevara. Ambos estábamos recién casados. Recorrimos toda la zona norte haciendo base en Chos Malal –antigua primera Capital Neuquina- Gorgni decidió que Guevara era el hombre indicado para Andacollo yo en tricao Malal.
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Tricao Malal está a 45 Km. de chos Malal – cabecera de zona- En ese entonces su pueblo estaba diagramado en donde se había levantado la casa y oficina del Juez de paz –en la meseta-cuyo titular era el Sr. Zeballos. Sin embargo, más abajo de esa meseta –unos setecientos metros-estaba el galpón, en donde funcionaba la delegación Municipal, depósito y habían acondicionado un pequeño departamento recientemente terminado de dos habitaciones y un baño. La cocina funcionaba para todo el galpón. En ese lugar; -único edificio público-, nos asentarían provisoriamente hasta tanto se edificara el Hospital. No tenía muebles y el baño bien instalado no funcionaba porque no habìa agua, luz ni gas. Tampoco había agua potable porque el pequeño río que cruzaba el pueblo tenía un agua muy turbia y no potable. El “pueblo” consistía entonces de ese galpón, una vivienda de la policía, otra de Antonio Nieto y otra de Manolo Nieto ambos dueños de un almacén General que estaba a unos cuatrocientos metros y dos viviendas cercanas relativamente: la de la Vda. de Gutiérrez, Ulloa y la de familia Campos y Barros. Subiendo una pequeña lomada estaba las oficinas y maquinaria de la fábrica de azufre de Pedro Della Cha. Habitaban en esos lugares un enfermero Tito Armando González; Titì Boggero (cuidaba la Fca) Los hermanos Nieto, Flìa Barros, Campos, Gutiérrez, una pequeña escuela de adobe, a doscientos metros donde funcionaba la primaria; el Sargento Nieto en la policía, la Flìa Retamal y la mayoría una población dispersa que orillaba el río Caepe Malal. No había repito, luz, gas, agua potable, electricidad. El correo llegaba una vez por semana y no había teléfono. Se utilizaba la cadena de radio policial para contactarse.
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Al llegar a Tricao – hermoso lugar en la precordillera-, casi en la base de la Cordillera del Viento, Gorgni una vez que nos mostró las “instalaciones”, nos sacó afuera y alzando su brazo derecho me dijo “y allí está tu ambulancia”. Señalaba a un campo no lejano. Y no veía nada en la calle hasta que al darse cuenta agregó: “está pastando….es esa yegua blanca” Y allí estaba una yegua blanca y panzona comiendo su rutina. Pregunté si estaba preñada por el volumen de su panza. “Sí, es el repuesto que tendrás, pero será tuyo el potrillo” Reímos No tardó en hacernos en coordinación con en delegado Municipal y Tito González, el asado de presentación. Una cantidad superior a los sesenta lugareños se acercó a como nuestros primeros chivitos Neuquinos. Los hombres de la cordillera tienen la costumbre de habitar en el silencio y ser muy observadores. Y así nos encontramos incluidos en el Plan de Salud Rural piloto Neuquino en medio de la Cordillera del Viento, en un lugar deshabitado y con una población rural que dependería de área de salud de 1.700 habitantes. Gran Mortalidad Infantil. Ausencia de vacunación. Chagas (gran cantidad de vinchucas en los tamariscos autóctonos), Tuberculosis abierta, Bocio endémico con tiroides de tamaño increíble que se cubrían con pañuelos en el cuello, del tamaño de manzana y hasta pomelos, desnutrición de segundo y tercer grado y altas tasas de mortalidad neonatal y materna.
Todo un desafío.
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Antonio Gorgni pidió a mi esposa que hiciera una lista de todo lo que necesitáramos para instalarnos, desde muebles, enceres de cocina, baño, dormitorio, sala y a mí, un listado de equipamiento para consultorio y cirugía menor. Teníamos en ese momento solo Bolsas de 80 Kg. de pastillas de yodo (por el bocio); aspirinas a granel; Saltòs (antitusivo; Cloranfenicol (antibiótico) Gasas, Algodón unos doscientos o trescientos paquetes que nos sirvieron para hacernos las camas ya que no teníamos donde dormir. Y guantes de látex con una cajita de sutura cuidadosamente limpia y custodiada por nuestro enfermero. Un hombre que después pudimos llevar de Intendente. Gran compromiso social de este Litoraleño ex enfermero de Gendarmería y un hombre de bien.
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La primera medida luego de acomodarnos como pudimos, fié aprovisionarnos de agua potable. Para eso con una camioneta al comienzo traíamos diez damajuanas de agua del Llococo, vertiente a siete kilómetros del centro de salud. Hicimos una cama con los algodones y con sábanas prestadas solucionamos la habitación para dormir. Dos tarros de aceite de oliva de diez litros los abrimos y mi esposa los forró y colocó tapa. Servían para las necesidades del baño: sólidos y los otros líquidos. El baño no tenia aún las conexiones para drenaje ni pozo ciego. Los enceres de cocina básicos los adquirimos en el almacén de ramos generales. Nuestra primera tarea fue realizar un censo. Casa por casa a caballo, libreta en mano, mapa del lugar y con mi esposa y el enfermero recorrimos toda la zona marcando la patología, los niños menores de dos años, las embarazadas, los pacientes enfermos etc. A partir de esto iniciamos el plan de vacunación, control de peso en menores de dos años y registro de pacientes con patología avanzada. Al no haber nunca médico, se confundían los roles, decían enfermero a todos y “médicas” a quienes las lugareñas acudían para atenderse y medicarse. Se comenzó la tarea de registró control, aplicación de programas de Subsecretaría que se facilitó poco después al llegar una ambulancia JEPP doble tracción con material sanitario y vìberes. Mi esposa a su vez comenzó a dar clases en la escuela rancho de adobe, techo de paja y material básico en la primaria
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El primer invierno nos tomó desprevenido, en ese entonces Tricao quedaba aislado por la nieve a pocos kilómetros camino a Chos Malal. Antes del Río Leuto-Caballo cuyos custodios era la amplísima familia Álvarez. Don Eliser, el jefe de familia siempre estaba con su cigarro en la boca apagado o prendido y en las charlas que teníamos cuando anochecía me hablaba entre mate y mate de cómo sería la luna, habitada ya por sus nativos y los humanos que la habían invadido (en el 69 pisaron por primera vez la luna) Un hijo menor de esta gran familia-creo que eran catorce- a quien le decían el Chato, fue alumno de mi esposa y años después unos de los máximos dirigentes sindicales de ATE En los dos inviernos duros y blancos de abundante nieve, el correo estaba más espaciado, cada 15 días recibíamos cartas familiares, diarios atrasados y la documentación de salud. Quién nos visitaba asiduamente en helicóptero en la temporadas más duras era Don Felipe Sapag llevándonos víveres, medicamentos, kerosén y aliento. En la primera primavera comenzó a construirse el hospital y vivienda del médico. Don Felipe tenía los planos de Tricao que estaba como les decía en la meseta. Yo me oponía, porque en donde pretendía instalar el pueblo era justamente en una zona más protegida que se localizaba justamente en la zona del Galpón. Luego de consultas a topògrafos, Don Felipe dio la orden de cambiar el pueblo, enviaron el profesional adecuado y el nuevo pueblo quedó diagramado. Nosotros pedimos que un triángulo de tenia que quedaría frente al hospital me permitiera hacer una plaza. Se aceptó y junto a mi esposa y Tito, la trazamos adecuándonos a la cantidad de piolìn que teníamos, se construyeron dos piletones con islotes al medio para traer animales del Palao –aves- se construyo la base para el monumento a San martín, cuya esfinge lo trajimos sin autorización de Mariano Moreno una noche que regresábamos y a la cual le faltaba la nariz, que pudimos restaurar. Lo instalamos y cuatro caminos de colores-minerales de la zona- convergieron en el prócer Instalamos cuatro bancos viejos de escuela para que iniciaran las primeras sentadas románticas. Forestamos más de ciento cincuenta árboles.. En ese tiempo se construyó entonces, la nueva escuela, el hospital, la policía, la casa del médico y se diseñó el primer plan de viviendas. Logramos hacer también con apoyo de sapag, la primera granja colectiva, muy cercana a la vertiente Llococo. Y por Agricultura de provincia la primera rotación del tractor e implementos agrícolas para producir en la zona en forma de cooperativa. Esto se realizó con los mismos pobladores. Lo único que se exigía era que al tener la cosecha tenían que entregar a la Asociación una bolsa de granos que se utilizaba después para ampliar otras zonas de producción.
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En su comienzo, nos tocó luchar contra la desconfianza. Era natural. Se trataban con sus “medicas locales” y sus yuyos naturales. Lo más reacio en convencer fue que se controlaran el embarazo y realizaran el parto institucional. De común acuerdo con mi esposa, convinimos que nuestro primer hijo nacería en la localidad, en el galpón, y en la mesa de la cocina, que se transformaba en sala de parto. Le comunicábamos a las mujeres nuestra decisión y nunca nos creyeron “los “dotores” cuando tienen hijos se van siempre a la ciudad” nos decían. El Ministro y Jefe de Zona pusieron reparos en que así se realizara y Don Felipe nos apoyó pero pidió que solicitáramos lo que necesitáramos. Nuestra repuesta fue: les daremos las mismas garantías que nosotros les damos a ellos. Y así fue. Nació Andrea el 17 marzo de 1971 en Tricao Malal; nuestra primera hija, una noche, en la mesa de la cocina, con un generador de luz de 40 v que recién estaban instando para emergencias y un tubo de oxígeno industrial puro de la planta de azufre. Por supuesto no apto
A partir de ese parto, tuvimos una semana de visitas de todas las mujeres de la zona que venían a conocer la gueñita del Dr. que había nacido en ese lugar. A partir de ese momento los partos institucionales subieron un trescientos por ciento. En el otro invierno se internaban un mes antes por las dudas de los temporales de nieve.
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En ese entonces Diógenes Retamal tenía 9 años. Era un niño delgado e inquieto y muy inteligente. Se pegó a nosotros y nosotros a él. Esos dos años aprendimos de él y él de nosotros muchas cosas. Años después este niño sería Intendente de Tricao malal. Durante mi gestión en el Ministerio de Salud tuve la oportunidad de diseñar y ejecutar el nuevo Hospital de Tricao Malal que es el que actualmente tiene la comunidad. Lo diseñamos con el equipo de arquitectura sanitaria de la subsecretaría de Salud, se licitó la obra, se la llevó a cabo y tardó en equiparse motivo por el cual no tuve la satisfacción de inaugurarlo. Pero el objetivo estaba logrado a pesar de muchas críticas porque decían que era demasiado para la zona. Sin embargo el tiempo demostró que no.
Y así se escribió esa parte de la historia que nos tocó vivir junto a los habitantes de Tricao Malal. Eran otro tiempos y uno puede contar cosas que hoy nadie creería como decir que cuando llevaba pacientes a realizar estudios a Chos Malal, al regreso –noche- se mareaban por la luz eléctrica que nunca habían visto. ¿Pero quién puede creerlo? Y así muchas anécdotas que no vale la pena extenderme.
Gustavo Adolfo Vaca Narvaja
28 de enero 2010