Apuntes sobre el flamante ‘progresismo’ del Presidente

Parte 7

El jueves 24 de enero de 2002, se difundió la fecha de la 1ra. convocatoria. Durante los

días previos, los llamados telefónicos a las radios alentaban a la movilización de los

municipales, a quienes se les sumó el gremio docente y el de los trabajadores del

privatizado Banco de Santa Cruz que afrontaban una rebaja salarial. También sectores

de la administración pública provincial y del Frente de Unidad Trabajadora. Con la

lentitud santacruceña, el inicio del acto, previsto para las 20:00, terminó produciéndose

a las 21:00. Los del Frente de Unidad y los de la combativa Lista Negra, de la

Asociación de Trabajadores del Estado, aportaron los equipos de sonido y las cuerdas

de seguridad. Ellos tenían experiencia en estos quehaceres. La policía apostó algunas

motocicletas a 100 metros, para desviar el tránsito, y sería su única aparición durante el

ciclo de manifestaciones. Por el micrófono desfilaron trabajadores municipales, vecinos

indignados con el intendente, Héctor Aburto, y con sus concejales, representantes de

organizaciones defensoras de los Derechos Humanos, de jubilados, mineros

desocupados, médicos que no aceptaron que la Caja de Servicios Sociales les redujera,

en forma unilateral, sus acreencias; y, por supuesto, gente apresada en el Corralito. La

moción de seguir manifestando cada viernes, a la misma hora, fue aprobada por 600

personas. También la de constituir una Asamblea Permanente del Cacerolazo, con

reuniones abiertas a realizarse en la sede del gremio docente, Adosac. Cuando alguien

nombraba a un funcionario, las cacerolas quedaban abolladas, y siguieron sonando

cuando se mocionó marchar a Casa de Gobierno, aunque con recomendaciones de

mantener la calma y no provocar algún incidente. De contramano, por Avenida Roca, de

Río Gallegos, la cerrada columna se detuvo en el edificio del Tribunal Superior de

Justicia, que tenía una única ventana iluminada, la que ocupaba su titular, Carlos

Zannini, el Chino. Dos ateridos agentes de policía los vieron llegar a la Rosadita, y los

escucharon gritar: “Se va a acabar / se va a acabar / esa costumbre de robar”. Otra pareja

de policías los escuchó, luego, en la residencia del gobernador Néstor Kirchner, quien

como era costumbre en los últimos años, no se encontraba en Río Gallegos. Adentro de

la residencia, la mamá de Kirchner y su hija, no entendían cómo podían ser acusados de

semejantes irregularidades. Luego, las familias manifestantes se dirigieron a la

intersección de Roca y San Martín, cantaron el

Himno Nacional y retornaron a sus hogares para cenar. Para los canales de TV, la

movilización no existió. El diario La Opinión Austral publicó un recuadro. Su rival,

Tiempo Sur, le dedicó un mayor espacio ya que sus propios directivos habían

participado de la marcha. La 2da. marcha lo encontró al gobernador Kirchner con más

reflejos, junto a Alicia Kirchner y a Héctor Icazuriaga, alias El Idóneo, organizó un acto

de desagravio en la puerta de la Rosadita, mientras la marcha cacerolera se aproximaba

al lugar, y algunos insultos partieron de las veredas oficialistas, ocupadas por los

incondicionales del poder. La presencia de la guardia civil de Kirchner y de matones en

actitudes más agresivas, obligó a los caceroleros a evitar pasar por la Casa de Gobierno,

y marcharon hacia las viviendas de los funcionarios y de los comunicadores oficialistas.

Las residencias de Zannini, de Icazuriaga, de Lázara Báez, del Bicho Ocampo, y del

diputado Muratore y Sra. (o sea Laura Ballester, jueza del Tribunal Superior de

Justicia), y las sedes de La Opinión Austral, los canales 2 y 9, y la radio y el periódico

de Rudy Ulloa, sufrieron escraches. En cada caso, sin embargo, la gente de la Asamblea

protegió vehículos, jardines y viviendas, y sólo permitió algunos timbrazos. Cada

viernes, el panorama era similar. Pero la concurrencia comenzó a menguar por el frío y

por la ausencia de los partidos políticos, algo resentidos por la consigna “que se vayan

todos”. También influyó la presencia de la guardia pretoriana de Kirchner, la ausencia

policial (en cierta ocasión, durante un escrache a la casa de Icazuriaga, un patrullero

quedó frente a una columna que avanzaba; velozmente giró en U y se alejó de

contramano), y algunos atentados como el que sufrieron el vehículo y la vivienda del

matrimonio Rodríguez Palermo, participante de la Asamblea. # La arenga El intendente

Aburto se caía por el peso de su propia corrupción, imparable. A días que un escándalo

de orden privado terminara con el sostén que le brindaba Kirchner, el gobernador

convocó a sus adeptos, incluyendo a los más díscolos, a un acto en el Comando del

Frente para la Victoria Santacruceña. Unas 600 personas se reunieron para escuchar a

Kirchner, aunque en la prensa se afirmó que eran 1.500; y algunos colaboradores del

gobernador dejaron filtrar fragmentos del discurso, amenazador hacia los caceroleros.

Recuerdo haber tenido una copia en mis manos y discutir si convenía o no poner la cinta

en el aire, lo que finalmente hicimos en A los Cuatro Vientos, por FM Abril, porque las

amenazas y la incitación a la violencia tenían una entidad superior a cualquier operación

de prensa, cuando provenían de la boca de Néstor Kirchner: “¿¡¡Cómo puede ser,

compañeros!!? Que los compañeros, a veces, se queden callados y permitan este tipo de

cosas. ¡¡Hay que salir a defender!! No podemos permitir que agredan la municipalidad

ni más ninguna estructura que corresponda a nosotros. Somos muchos, salgamos a la

calle ¡¡y se terminó con este tema!! (...) pero tenemos que salir con todo. ¿Cómo vamos

a permitir que haya 4 ó 5, esos dirigentes del FUT que sacan 200 votos por elección, o

cuatro tipos que no representan a nadie, que salgan a descalificar y a agredir?

¡Compañeros! No hay que permitir este tipo de cosas. ¡¡Hay que defender con fuerza y

con orgullo!! Basta. Si van a ir a la casa de un compañero a agredirlo o a molestarlo,

vamos a ir 200 ó 3000 ó 500 ó 1.000 a la casa de ellos, esto que quede absolutamente

claro”. Los funcionarios con militancia anterior, miraban burlones. Kirchner siguió:

“¿¡¡Cómo puede ser que ustedes!!?... Justo yo me fui a Calafate... pero ¿cómo puede

ser?... “ Ya había hablado del Frepaso, de la UCR y del FUT, pero decidió una vuelta de

tuerca: “Se terminó, compañeros. ¡Tenemos que salir al frente! Si son 100, nosotros

vamos a ser 2.000 ó 3.000. Pero, ¿cómo puede ser, compañeros, que nos dejemos

atropellar así? No se puede mirar al costado en este tema. ¡Tenemos que estar todos

juntos! Yo se los pido, encarecidamente”. Las amenazas de Kirchner provocaron

muchos comentarios. Los abogados Dino Zaffrani y Javier Pérez Gallart, se presentaron

ante la justicia con gente de la Asamblea Permanente del Cacerolazo, denunciándolo

por incitación a la violencia. La causa fue a manos del juez Santiago Lozada, quien la

envió al fondo de sus archivos. Luego, los domicilios de los dirigentes del Frente de

Unidad Trabajadora fue el tema que abordaron unos volantes anónimos, con fotografías

de viviendas y recibos de salarios de Miguel del Plá y de Ricardo Mercado, y de sus

esposas. La municipalidad, el Consejo Provincial de Educación y la Cámara de

Diputados de la provincia de Santa Cruz, encargaron a distintas imprentas su propia

versión. El costo no fue elevado ya que, al menos dos imprenteros que sostienen su

actividad con trabajos para el Estado, los hicieron sin cargo. # La pesada El 25 de abril

de 2002, la sesión comenzó puntual en la Legislatura provincial. El tema fue el

tratamiento del presupuesto santacruceño. Los

recortes centrales eran las reducciones en las asignaciones familiares y la incorporación

al ajuste provincial de algo que aún no había sido anunciado por el gobernador Kirchner

ni por sus funcionarios: la suspensión del pago del pasaje anual a los jubilados, aún

cuando no se abonaba desde hacía dos años. Por 1ra. vez, las barras no fueron separadas

sino mezcladas. Entonces, los sindicalistas docentes, los militantes del Frente para la

Victoria Santacruceña, los caceroleros y los empleados públicos compartían las gradas.

Algo no andaba bien y la sospecha la corroboraba la ausencia de gente de Rudy Ulloa,

lo que suponía una falta de conducción en la hinchada oficialista. Sin embargo, los

pasillos, las escaleras y las oficinas cercanas se fueron llenando de militantes del FVS y

contratados. En el acceso se vio a Enrique Meyer, subsecretario de Turismo; en el

recinto, a Nelson Periotti, presidente de Vialidad Provincial; a Juan Carlos Gómez y

Héctor Silva, de Tránsito de la Municipalidad; a Francisco Mansilla, alias Batata; a

Pablo Grasso, director de la Casa de la Juventud; a Marta Delucci, secretaria de la

Producción; a Jorge Ferreira, secretario de Desarrollo Comunitario; a Pedro Ayunta y

Patricia Cocco, del Consejo Provincial de Educación, entre otros que se mezclaban con

patovicas de traje oscuro. La crónica del matutino Tiempo Sur lo relató así: “Somos de

seguridad de la Cámara’, se identificaban. Según pudo comprobar este medio, no lo

eran. Pero su maciza presencia impedía el ingreso de los jubilados”. Los jubilados

querían reclamar que no les recortaran sus pasajes. Entonces, Roberto Giubetich,

diputado provincial UCR, le solicitó al comisario de la Cámara que se le permitiese el

acceso a un grupo de jubilados encabezados por Miguel Pascual, vocal en la Caja de

Previsión, e ingresaron entre aplausos y silbidos. Abrió el fuego Omar Muñiz, del

Movimiento Federal Santacruceño, con un pedido de tratamiento sobre tablas de un

pedido de informes al Tribunal de Cuentas sobre los ingresos en concepto de regalías y

las inversiones realizadas. Habló más de una hora pero su pedido no tuvo tratamiento

por la oposición del oficialismo. Luego se llegó al Presupuesto 2002 de Santa Cruz, que

no sólo contenía los ajustes sino la posibilidad del uso discrecional, por parte del

gobernador Kirchner, de los depósitos en el exterior de la provincia. Mariela Arias,

cronista de Tiempo Sur, lo relató así: “A la voz ‘Que se Vayan Todos’, la nutrida

concurrencia integrada por la Asamblea del Cacerolazo, representantes del gremio

docente, vecinos, trabajadores municipales, público en general, eran el corrillo de fondo

mientras hablaba los diputados. ‘El bloque del PJ va a sostener la votación del despacho

de comisión’, anunció la diputada informante del oficialismo, Judith Forstmann,

enfundada en un traje de hilo color rojo. Entre el ruido, cada vez más fuerte de las

cacerolas, la caletense que presidía la Comisión de Presupuesto, intentaba hacerse

escuchar a los gritos. En tanto, Héctor Icazuriaga, quien presidía la sesión tratando de

mantener la compostura, pero cada vez más nervioso, sólo atinaba a decir: ‘Continúe

diputada’, cuando los gritos aumentaban al ritmo de ‘Devuelvan los pasajes, Devuelvan

los pasajes’. Forstmann hizo una deslucida presentación del proyecto de Presupuesto

porque, lejos de fundamentar los recortes, leyó artículo por artículo lo ya aprobado


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