Parte VI

Miguel Bonasso sufre de desinformación o amnesia.

 

A comienzos de diciembre de 2001, con la estructura judicial totalmente controlada y la

información de que al gobierno de Fernando De la Rúa le quedaba poca vida política,

Néstor Kirchner decidió tomar previsiones. El escenario más que posible de caos y

caída en las recaudaciones no debía afectar sus propios proyectos de pelear la

Presidencia de la Nación, labor a la que le dedicó los dos años anteriores, ni los dineros

de la provincia de Santa Cruz en el exterior, reducidos a US$ 536 millones, por

entonces depositados en un banco de Luxemburgo. La generosa obra pública, tampoco

podía ser afectada, significa demasiado peso y demasiados pesos. Con información

privilegiada, puso a salvo su propio dinero de los alcances del corralito y permitió que

quienes manejaban dinero dentro del esquema de financiamiento del Frente para la

Victoria Santacruceña, hicieran lo propio. La información llegó a un importantísimo

empresario, quizás el único que le pueda discutir, de igual a igual, en materia de manejo

de dinero, un lugar en el mundo económico. Kirchner hizo así una muestra de su

predisposición a incorporarlo a las filas propias. Hoy, el empresario sabe que le debe un

favor. El hombre que quería ser Presidente y ministro de Economía, a la vez, diseñó un

esquema de presupuesto reducido, sin afectación de fondos externos pero con vía libre

de disponibilidad en sus manos, y un ajuste cercano a los $ 20 millones que recaerían,

otra vez, sobre los salarios. En el Ministerio de Gobierno, el ministro Julio Miguel De

Vido, y José Salvini, convocaron a los gordos de la CGT local: Raúl Belluschi (Uocra),

Omar Campos (gas), José Castro (Upcn), y otros, quienes escucharon la línea

gubernamental de boca de quien es el nexo con los sindicatos. Lo hicieron más por

ambición política que por voluntad de Kirchner. De Vido y Salvini les explicaron que se

darían de baja algunos plus salariales, como riesgo de caja, informática, vivienda de

médicos hospitalarios y comisarios trasladados, el pago de pasajes a jubilados y

pensionados, y una fuerte reducción en las asignaciones familiares, que en la provincia

de Santa Cruz se pagaban con coeficiente 4. Según el relato de uno de los presentes, los

sindicalistas lograron morigerar los alcances del ajuste y que sólo la reducción del 25%

en las asignaciones familiares evitó poner en riesgo el pago de los salarios públicos

provinciales en tiempo y forma. El vicepresidente 1ro. de la Cámara de Diputados

provincial, Héctor Icazuriaga, gobernador interino ya en esos días por las continuas

ausencias de quien era

precandidato presidencial, informó que los alcances del Decreto 2.348/01, evitando

mencionar la inclusión de los pasajes de los jubilados. Ya habría tiempo... además, les

adeudaban los dos últimos años. El ajuste, en términos de presupuesto provincial, era

irrisorio, poco menos de $ 20 millones contra $ 750 millones previstos, pero en el

bolsillo de los trabajadores públicos santacruceños representaba entre un 25% y un 50%

de descuento en sus ingresos de bolsillo. Entonces, mientras Kirchner se sumaba a

Víctor De Gennaro en el reclamo de firmas para obtener una ley que atendiera a los más

indefensos, en la Nación, se quedaba en su provincia con la asignación por cónyuge,

reducía en un 25% las asignaciones por hijo, familia numerosa y escolaridad,

eliminando además la doble asignación que se debía pagaba en enero de cada año. La

medida provocó un rechazo generalizado en la población pero sólo algunos hacían

escuchar sus protestas, a través de anónimos mensajes que ponían al aire algunos

programas radiales no financiados por el Gobierno provincial. La protesta mediática

buscó los micrófonos de A los 4 Vientos, por FM Abril; La Parada, por FM Tiempo;

Zona Pública y Séptimo Día, por LU 12. El canal de TV oficial sólo informó acerca del

decreto y las culpas de De la Rúa; los informativos de Canal 2, dependientes de una

productora que comanda Claudio Miniccelli, alias Mono, cuñado de De Vido, tuvo igual

actitud. En cuanto a los diarios, actuaron según la pauta publicitaria estatal. Tiempo Sur,

que no está en ella, aunque alguna vez lo estuvo, brindó toda la cobertura necesaria y

mantuvo el tema en sus páginas; La Opinión Austral jugó al equilibrio; Prensa Libre

ignoró la protesta; y El Comunitario, de Rudy Ulloa, felicitó la “previsibilidad del

gobierno”. Tal como fue previsto por Kirchner, el quiebre institucional y los 36 muertos

del 20 y 21 de diciembre de 2001, amortiguarían la ira de los damnificados; pero no

anticipó que las jornadas nacionales de protesta provocarían los cacerolazos y escraches

que en los municipales santacruceños prendió de inmediato. Los municipios debían

adherir a la medida de ajuste salarial provincial, y sólo hubo vacilaciones en el Concejo

Deliberante de Caleta Olivia. No tenía sentido oponerse porque la provincia giraría las

partidas a los municipios, descontando el recorte de los Aportes Extraordinarios por

Déficit, fondos para el pago de la masa salarial que resulta la gran tenaza de todo

gobernador para impedir rebeldías de intendentes. Con la coparticipación municipal de

impuestos y las regalías por petróleo y gas, congeladas a los niveles del Censo

Poblacional 1981, incumpliendo la legislación que obliga a la actualización de los

montos sobre la base de los nuevos censos y sus aumentos poblacionales, Kirchner

impuso su voluntad a

los intendentes de Santa Cruz. Además, no coparticipó nunca los ingresos

extraordinarios en concepto de regalías mal liquidadas. Únicamente Río Gallegos puede

escapar, a veces, a la mano de hierro. Pero la gestión del arquitecto Héctor Aburto, entre

diciembre de 1999 y febrero de 2002 generó tanto déficit municipal ($ 40 millones) y

tanta corrupción, que quedó sin autonomía. Aburto era un militante de la Unidad Básica

Los Muchachos Peronistas, muy cercano a Kirchner, y no dudó en apoyar el recorte, al

igual que los concejales justicialistas Juan Carlos Villafañe, alias Chiki-Chaka; Carlos

Sancho; Mario Metaza y un tal Cremades. El secretario general del sindicato de

municipales, Edgar Geréz, un dialoguista amigo de Aburto, ya había sido superado por

sus bases en enero de 2001, cuando el intendente no renovó los contratos laborales

porque quería las vacantes para sus militantes, que lo administraban para ingresar al

municipio luego de ocho años de UCR en Río Gallegos. Los municipales llegaron a la

quema de neumáticos y el encadenamiento a las columnas de alumbrado público.

Ahora, comenzaron a trabajar en una movilización para arrancarle un No al Ajuste al

diminuto Aburto. El 28 de diciembre, cuando se cobraba el medio aguinaldo en el cajero

automático del palacio comunal, comenzaron los cabildeos, y Aburto y sus

colaboradores ordenaron el alerta cuando de varias camionetas comenzaron a descargar

cubiertas de neumáticos. La policía miraba de lejos, mientras por una puerta lateral

comenzaron a ingresar los militantes de choque a la municipalidad. Otro grupo, más

numeroso, se autoconvocaba en la Unidad Básica Los Muchachos Peronistas, bajo la

responsabilidad de Rudy Fernando Ulloa Igor, esperando directivas. Kirchner estaba de

viaje, como siempre. Detrás de la reja, Martín Aburto, padre del intendente, comenzó a

increpar a los manifestantes, hasta que debió buscar refugio por los insultos y piedras

que le llovieron. Ex ferroviario de YCF, Martín Aburto se dedicó a la construcción en la

época cuando su hijo fue el responsable de las obras públicas del municipio y de la

provincia. Otro de los convocados fue el director de Tránsito, Juan Carlos Gómez,

hombre dedicado a las artes marciales y de naturaleza violenta. Provocó a los

manifestantes hasta que, luego, ingresó al municipio rodeado por el secretario de

Desarrollo Comunitario, Jorge Ferreira; Miryam Aguiar, Juan Carlos Has y otros

integrantes de la guardia permanente de Kirchner. La policía intentó avanzar con una

autobomba para apagar las llamas pero un piquete les advirtió que no se lo permitiría

por lo que puso marcha atrás. Rodeados, ahumados, histéricos por los petardos, a las

18:00 Aburto ordenó

aceptar que un grupo ingresara a dialogar, con la garantía de los concejales opositores

Marcelo Saá, Jorge Cruz y Bubby Austin. Carlos Edgar Sánchez había llegado a

secretario de Gobierno por recomendación de Carlos Zannini y del ya mencionado

Chávez, apodado el Negro, otro integrante de la Banda Cordobesa. En Córdoba, durante

su juventud, Sánchez había quemado gomas, ahora debía apagarlas. Sánchez fue

disidente con Chávez en la Corriente de Opinión Provincial, que cuestionó la

metodología de Kirchner para conducir los ateneos y UB. Sin embargo, la propiedad de

un Registro Automotor que le consiguió su hermano, el senador apodado Gorrión, lo

calmó y volvió a Kirchner. Sánchez juró en su puesto a principios de diciembre de 2001

y al día siguiente se había marchado a aguas tropicales a tratar de resolver problemas

sentimentales, en base al bronceado más tradicional. Su humor no estaba para humo ni

petardos, pero los días de calma le brindaron la serenidad para dialogar con los

delegados y prometer elevar sus inquietudes; sólo les pidió que cesaran con los petardos

que explotaban debajo de la ventaja de su despacho. También dijo que perdía dinero con

esa ingrata función pública. Hubo varios cuartos intermedios y reuniones, hasta las

22:30, cuando Aburto le comunió al informativo de Canal 2 que no negociaría con

nadie. Más llamas, manifestantes y funcionarios. Irrumpió en escena la diputada

nacional Mónica Kuney, y su esposo, Ricardo Pincheira, quienes prometieron nuevos

contactos telefónicos con Kirchner, quien según sus dichos, volaba en el avión sanitario

provincial rumbo a Río Gallegos. A las 2:00 del día 29, la diputada Kuney llamó al

celular de la delegada Griselda Cuirolo, para informarle que el comisario Ojeda y

algunos hombres uniformados se acercarían al municipio para cubrir la salida de los

funcionarios y de los militantes municipales porque, según Kuney, tenian miedo de salir

solos. Los policías cubrieron las retiradas mencionadas pero, a la vez, comenzaron a

secuestrar los vehículos particulares de los manifestantes, en particular las camionetas

en que se habían trasladado neumáticos. Luego, comenzaron con los interrogatorios y

amenazas contra los manifestantes que buscaban baños o kioscos. Kirchner seguía

desaparecido y solamente aparecía la diputada Kuney. Tiempo después se supo que

Kirchner nunca fue a Río Gallegos sino que su avión bajó en El Calafate, y fue a dormir

en la residencia que construyó su esposa, Cristina. El último llamado de Kuney a

Cuirolo, fue a las 4:30, la diputada nacional apagó su celular y no volvió a intentar

comunicarse, como sí lo había prometido. Sin cambios transcurrió toda la jornada y el

piquete se mantuvo hasta las 20:30 cuando una nueva asamblea decidió el

levantamiento de la

medida hasta nuevo aviso y la búsqueda de otras variantes de lucha. Luego de las fiestas

navideñas y de Año Nuevo, la comisión de lucha comenzó a preparar un cacerolazo.

 


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