Parte 5
El día en que Julio De Vido se enojó con Nestor Carlos
En Río Gallegos, al frente de su disciplinada tropa, en 1991, Néstor Carlos Kirchner se
preocupaba por acordar candidaturas en el interior provincial. Kirchner se perfilaba
como un férreo conductor político de un sector reducido en militantes, que se había
engrosado con la gestión municipal. Con un Concejo Deliberante donde estaba en
minoría, y ejerciendo control sobre sus actos de gobierno, Kirchner apareció prolijo y
actuando con rapidez cuando alguno de sus muchachos “se excedía”. Así, Tito Lascano
partió al exilio en Punta Arenas y el Pelado Varizat se alejó de su cargo cuando un
edificio en construcción se derrumbó siendo él secretario de Obras Públicas, a la vez
que Maestro Mayor de Obras del edificio en cuestión. Otra denuncia fue por la compra
de estacas para forestación, que el concejal UCR Felipe Silva calificó como “muy
caras”, unos $ 70.000 (US$ 70.000), compradas a quien no estaba en el padrón de
proveedores del municipio. Además, las estacas estaban secas. Para Carlos Zannini,
secretario de Gobierno, se trató de una denuncia política de un opositor. Para Cristina
Fernández, un negocio donde no se podía sospechar de ella o su marido, ya que se
trataba de una suma menor a la de los tapados de piel que tenía en su ropero. Con una
capacidad de trabajo que superaba a la de sus militantes más aguerridos, Lupín se
presentaba a informar a los jefes de Unidades Básicas y de agrupaciones, dos veces por
semana acerca de los avances en el interior; luego, la cita obligada era en el café
Caravelle, donde Kirchner le solicitaba que cada uno, mano a mano, le informara de la
situación en cada sector, mientras bebía whisky Criadores, café cortado, y fumaba sin
descanso. Uno de los mayores interrogantes era quién lo reemplazaría en la intendencia.
Su hermana Alicia estaba entre sus anhelos, pero no crecía en las encuestas. Con
mejores números aparecía el arquitecto Julio De Vido, reconocido por su breve gestión
en Vialidad Provincial en los días del acuerdo político con Ramón Granero. El 12 de
abril de 1991, se realizó un acto en el cine Carreras, la escenografía era celeste y blanca,
y con grandes letras blancas se leía “1er. Congreso FVS-MRP-Grupos Independientes
Kirchner Gobernador”. Rudy Ulloa y los punteros movilizaron más de 1.000 personas,
muchos quedaron afuera porque las primeras filas se llenaron de funcionarios
municipales y candidatos al hueso que se arrojara. Felipe Ludueña, un aliado de
Kirchner, de la derecha peronista ortodoxa, amigo de Diego Ibáñez e impulsor de la
intervención federal al gobierno de
Jorge Cepernic, en los ’70, fue el orador inicial. Rafael Flores, luego, realizó un mea
culpa del pasado inmediato. Rudy Ulloa Igor dirigía los cantos contra Arturo Puricelli y
la UCR. Entre los presentes estaba Carlos Lemarchand, un intendente UCR que ese día
cambió de bando, al frende de una nueva agrupación: Movimiento de Acción
Piedrabuenense. Luego se nombró a Chiquito Arnold, el candidato a vicegobernador, y
los aplausos fueron pocos. No muchos más recogió un nervioso De Vido cuando fue
presentado como el candidato a intendente de Río Gallegos. Titubeante y con la voz
nerviosa, su discurso nunca tomó vuelo. La barra no lo acompañó. Los motivos
quedarían en evidencia algunos días después. En la noche siguiente, De Vido le entregó
una plaqueta de la Municipalidad de Río Gallegos al boxeador Locomotora Castro, por
su campaña personal, y los silbidos de la popular colmaron el Hispano Americano.
Luego, la laguna María la Gorda se cubrió con los volantes de De Vido, en un repudio a
su candidatura que encabezaba Rudy Ulloa Igor, chofer de Kirchner y quien ya
manejaba los aparatos movilizadores del Frente para la Victoria. Detrás de Rudy se
encolumnaron los militantes de mayor peso y la candidatura de De Vido fue
reemplazada por la de Manolo López Lestón, un anciano peronista, tío de Kirchner,
quien fue llevado, en un desgaste inútil, a una elección que se había dado por perdida.
De Vido reunió a su escasa tropa y acusó a Kirchner de “autoritario y absolutista”,
palabras que volaron hasta los oidos de Lupín, quien lo mantuvo bajo castigo hasta
diciembre de aquel año. Kirchner había entendido que Julio De Vido no era
representativo hacia adentro del PJ y que en Gallegos había nacido un nuevo fenómeno,
que se paseaba en un automóvil antiguo, con una gran boina en el techo y enormes
bigotes en su frente. Con escasos seguidores, un tipo bonachón, bigotudo y afable en
serio, se convirtió, de la noche a la mañana, en el candidato de la gente: Alfredo
Martínez, alias Freddy, sería el intendente de Gallegos por ocho años. # ¿Cómo hace De
Vido las cuentas? El 2do. semestre de 1991 es imborrable para los santacruceños por
varias razones. El conflicto con Chile, por Lago del Desierto y la poligonal, que dejaba
en manos trasandinas una porción importante de territorio, se instaló definitivamente.
Luego de unos titubeos frente al accionar de la Comisión 9 de Julio – Soberanía, a
quienes veían como un grupo de nacionalistas trasnochados, Néstor Kirchner y Rafael
Flores tomaron partido por hacer frente a las decisiones de Menem y de la Cancillería.
Las expresiones de Bernardo Neustadt, en una entrevista a Patricio Aylwin, indignaron
a todos los sureños: "(...) que por dos metros más o dos metros menos de tierra, nuestro
país no sería más rico ni más pobre (...)”. Los Hielos Continentales se convirtieron
meses después en una bandera para Kirchner, ya gobernador de la provincia de Santa
Cruz. A instancias de su mujer, Cristina, aceptó que esta era la oportunidad de
convertirse en una referencia nacional, al menos en los medios de comunicación.
Cristina Fernández de Kirchner se encargó del trabajo mediático, y del legislativo –
junto a Flores-, marcando uno de sus principales enfrentamientos con Menem, y el
inicio de una estrategia de construcción de poder. Las privatizaciones y el sistema de
reducción de puestos de trabajo, comenzaron a afectar al sector petrolero y al minero;
Santa Cruz vio partir a más de 10.000 personas detrás de la zanahoria de elevados
montos cobrados en concepto de retiros voluntarios. Menem avanzó en la reducción de
cuarteles militares, y con los uniformados se marcharon sus familias, entre ellas
numerosas trabajadoras docentes. Con la crisis financiera y económica instalada, en la
madrugada del 13 de agosto de 1991, la erupción del volcán Hudson, del lado chileno
de la Cordillera de los Andes, cubrió el 40% del territorio santacruceño con cenizas. El
silicio tapó Los Antiguos y la mitad de sus pobladores debió ser evacuada, el resto optó
por quedarse a resistir. Desde los Andes a la costa atlántica, la ceniza mató a 1,5 millón
de ovejas y a las plantaciones de frutas finas; los ríos se quedaron sin peces, el agua
potable que salía de los grifos era color marrón y las viviendas no resistieron el peso del
polvo acumulado en sus techos. El viento llevó las cenizas hasta Río Gallegos y aún
hasta la Ciudad de Buenos Aires. Entonces, la ceniza atrajo la atención de las
autoridades nacionales, que decidieron visitar la zona más afectada y concretar los
acuerdos que trabajaron Pipeta Porto y Goyo Fernández, con el apoyo de Arturo
Puricelli y el senador Pedro Molina, ya enrolados en el menemismo. El Acuerdo de
Puerto Deseado no sólo alivió a las finanzas provinciales sino que marcó el futuro de los
próximos mandatos y fue la base anhelada por el constructor del feudo.
El Acuerdo abarcó varias cuestiones: 1. Reconocimiento y cobro de regalías de petróleo
mal liquidadas, que estaban en juicio desde el gobierno de Puricelli, por US$ 480
millones. 2. Entre del 10% sobre la venta de las áreas centrales en la provincia. 3. El
compromiso de asignar US$ 32 millones para viviendas. 4. Aporte no reintegrable de
US$ 10 millones para la asistencia a los productores agrícolas y ganaderos, como
también de asistencia social a los afectados por el fenómeno del Hudson. 5. Convenio
pre-acuerdo de la provincialización de los puertos. 6. Convenio de pesca. Además, se
avanzó en preacuerdos globales para la compensación de deudas entre la Nación y la
provincia, y entre el Banco Central y el Banco de la Provincia de Santa Cruz. Ya de
regreso a su banca, luego de entregar el poder a Kirchner, el diputado provincial García,
y sus ministros, publicaron el 30 de abril de 1992 una solicitada de una página en el
diario La Opinión Austral, dando cuenta de sus actos de gobierno. La realidad demostró
que entre el balance de situación que publicó el ministro Julio De Vido, con números a
diciembre de 1991, y la solicitada de abril de 1992, no existían demasiadas
contradicciones, sólo que el gobierno de Kirchner nunca más publicó los números de la
provincia, y 10 años después mintió con grosería sobre estos datos, fundamentalmente
en el rubro de las deudas que encontró al inicio de su gestión. Pero ya el diputado
Chicho García no le refrescaría la memoria porque estaba de su lado, asesorando al
bloque del oficialismo, y su ministro Tussi Peña ocupaba el sillón de secretario de
Estado de Seguridad. La deuda publicada por De Vido alcanzó los US$ 380 millones, y
se dedujo, del estado contable, que US$ 120 millones correspondían a compensación de
deudas y créditos con el Estado Nacional, con una conclusión anticipada en el acuerdo,
favorable a la provincia de Santa Cruz y con créditos en su favor que nunca fueron
informados por Lupín Kirchner. Otros US$ 100 millones de deuda se trataban de
financiación documentada de obras públicas, algunas con vencimiento a los cuatro años
y con vías presupuestadas de aportes de fondos específicos para su pago. Las deudas del
Banco de la Provincia de Santa Cruz con el Banco Central estaban en vías de
condonarse a partir del pre-acuerdo por las cenizas del Hudson, y en el marco de la
negociación global de los fondos por regalías mal liquidadas. La restante deuda –con
proveedores, prestadores y trabajadores de salud- fue paralizada por la Ley de
Emergencia de Kirchner, y cancelada en los dos primeros casos con bonos a 16 años. La
deuda salarial nunca fue reconocida en su totalidad. Lo cierto es que, al momento de
asumir Kirchner la Gobernación de Santa Cruz, los trabajadores cobraban en dos cuotas
sus salarios, y la 1ra. medida que adoptó Kirchner fue el secuestro del medio aguinaldo
y el sueldo de diciembre de 1991, medida que le permitió “hacer caja” y avanzar en una
estrategia de sumisión de las estructuras que él denominaba “las corporaciones”. Lejos
de las mentiras de los US$ 1.000 millones de deuda, cuatro meses de atraso en los
salarios y dos aguinaldos, Kirchner encontró una provincia que se posicionó en más de
$ 4 por cada $ 1 de deuda. A los $ 480 millones del acuerdo por regalías (US$ 480
millones), se les debía sumar $ 35 millones (US$ 35 millones) por la venta de las áreas
centrales de petróleo y “otros $ 40 millones (US$ 40 millones) de otros créditos como
los $ 12 millones (US$ 12 millones) de impuestos a los sellos que sentenció la Corte
Suprema de Justicia de la Nación el 27 de diciembre”.