Parte IV (B)

El juicio político a Del Val tuvo todos los ingredientes de un show

mediático que no conmovió demasiado a la población. Las intrigas, golpes de efecto y

campañas de prensa se producían con un ojo puesto en el sillón de la Rosadita, y en la

contienda electoral que se venía. Se acumularon miles de fojas, los abogados actuaban

como tales y algunos cobraban con oportunas asesorías brindadas por el enjuiciado

antes de que le suspendieran la firma. Los militantes de la alianza Kirchner-Flores-

Granero vs. los de Del Val, colmaron las graderías mientras los funcionarios y ex

funcionarios daban testimonio. A la salida de una sesión, Del Val, con un aspecto físico

ya mejorado, cargó contra los periodistas que trabajaban en el área: “Con algunos

periodistas habría que hacer jabón”. Joaquín Pérez, alias el Vikingo; y Miguel

Coiffman, alias el Ruso, militantes del MRP, colgaron la noticia en todas las teletipos de

agencias de noticias. Crónica le dedicó casi media página y las organizaciones judías

enviaron notas de queja. Del Val comenzó a asumir que se desbarrancaba, y el

menemismo le retiró el salvavidas prometido y que aún no le había arrojado.

El juicio político terminó con la destitución de Del Val como gobernador de la

provincia de Santa Cruz, con el voto afirmativo en siete cargos: 1. Ejecución con

equipamiento oficial de una obra de aprovechamiento hidráulico en su estancia. 2.

Incumplimiento inexplicable de los dispositivos de la Ley Provincial de Pesca. 3.

Incumplimiento de la Ley Provincial de Emergencia 2.077. 4. Extracción de fondos

depositados a plazo fijo en violación a las normas vigentes y en función de hacer valor

la influencia que el cargo le confiere, en el Banco de la Provincia. 5. Falta de

cumplimiento en lo preceptuado en la Ley 2.070. 6. Dictado del Decreto 806/88. 7.

Autorización de contraer un empréstito de US$ 430 millones. Por la negativa se votaron

los restantes cargos: 1. Incapacidad física y mental. 2. Injustificable omisión en la

cobertura de importantes cargos provinciales. 3. Proyecto ecológico en San Julián. 4.

Situación de riesgo técnico del Banco de la Provincia. 5. Manejo discrecional e

irregularidades en la distribución del Bono Solidario. Con el vicegobernador Granero en

el poder, la sucesión quedó en manos de la nueva vicepresidente 1ra. de la Cámara de

Diputados, Cristina Fernández de Kirchner. # El acuerdo Ramón Granero, alias Bochi, a

cargo de la gobernación, designó, el 31 de mayo de 1990, ministro de Gobierno al

abogado Héctor Icazuriaga, quien pertenecía al MRP de Rafael Flores. Icazuriaga,

apodado El Chango de Chivilcoy, fue criticado porque pronunció un discurso propio de

alguien que llega para quedarse y no de alguien transitorio: “Mi agradecimiento al Sr.

Gobernador y a todos aquellos que han entendido que, quien les habla, era la persona

idónea para ocupar la cartera”.

En verdad, Del Val aún estaba suspendido transitoriamente por 30 días. La anécdota le

dejó, para siempre, a Icazuriaga el mote de El Idóneo. En esos 30 días, el gabinete se

fue conformando entre los tironeos de las facciones, cada líder quería ubicar a su gente

en las áreas estratégicas. Abundaban las anécdotas de acuerdos que eran rotos cuando, a

último momento, Kirchner solicitaba ese cargo para su gente y todo se empiojaba. La

negociación se extendió más allá de la destitución de Del Val. Hacia el mes de julio, el

MRP logró designar a Daniel Cámeron en el Ministerio de Economía; el Frente para la

Victoria Santacruceña ubicó a Alicia Margarita Antonia Kirchner en el Ministerio de

Asuntos Sociales, y a Julio De Vido en la conducción de Vialidad Provincial, junto a

Barletta, Palacios y Vargas. Cristina era la vicepresidente 1ra. del Legislativo y su

embarazo no le impidió sesionar hasta la madrugada del 6 de julio, cuando nació

Florencia, su 2da. hija y la consentida de Kirchner. En la Secretaría General asumió

Félix Ríquez, alias Puma; y en Educación, la dirigente del MID, Martha Crowe. Flores

no estuvo de acuerdo con lo de Ríquez y le ordenó a El Idóneo no asistir a la ceremonia.

El gabinete nació mal pero las finanzas provinciales estaban peor y el 7 de julio, Santa

Cruz ingresó a una virtual cesación de pagos. Cristina tenía 36 años y el día que nació

Florencia, la Corte Suprema de Justicia de la Nación convalidó el fallo del Tribunal

Superior de Justicia santacruceño, y terminó con las posibilidades de retorno de Del Val

al gobierno, que gestionaban Daniel Peralta y Mario Aramburu. Varias agrupaciones

justicialistas hicieron públicas sus objeciones a lo actuado: el Movimiento de Unidad

Peronista, las UB Joaquín López, 20 Verdades, Ateneo Liberación, Restauración

Peronista y la Corriente de Unidad Peronista, ex Corriente de Opinión, de Jorge Chávez.

Puricelli seguía tejiendo contra la coalición Kirchner-Flores-Granero y creó la Liga de

los Intendentes, presidida por Charo Sandoval, de la localidad de Los Antiguos. # Tiros

en el Salón Blanco En septiembre de 1990, los sueldos eran una preocupación de

trabajadores y funcionarios santacruceños, que cobraban en dos cuotas, licuadas por la

inflación. En la policía provincial, por más que hasta los suboficiales cobraban el 100%

de su salario, se exigía una recomposición del 56%. Y lo hicieron saber a la plana mayor

y al sindicato de empleados públicos Apap, su oficioso representante en las

negociaciones con el gobierno.

El Idóneo fue a un acto a entregarle a la Policía los vehículos oficiales que se les habían

quitado a otras reparticiones, en cumplimiento de medidas de ajuste. El Idóneo anunció

que los porcentajes que se estudiaban para el aumento salarial serían los mismos que

recibirían todos los empleados públicos, muy por debajo del 56% solicitado por los

uniformados. En ese contexto ocurrió la renuncia del comisario Gottfrid y su reemplazo

por el comisario general Pedro Zerbo. Luego, en la madrugada del viernes 28, el Salón

Blanco de la Casa de Gobierno fue baleado por un grupo de policías que irrumpió

disparando. Cristina Fernández había hecho pública su renuncia a la Vicepresidencia

1ra. de la Cámara pero ante la ausencia de Granero, fue informada de los graves

sucesos. Ella narró al semanario Para Ti, en esos días, que su esposo, Néstor Kirchner,

el intendente de Gallegos, estuvo listo de inmediato para ir a la Casa de Gobierno pero

ella se tomó su tiempo para maquillarse. Kirchner insistió en que era una emergencia, y

ella dijo que le respondió: “Mirá, pueden desembarcar los marines pero yo a la calle sin

perfume no salgo”. Por entonces, ella usaba Rumba. El sereno de la Casa de Gobierno

estuvo a punto de ser baleado. Los policías se llevaron el retrato del abrazo de Puricelli

y Del Val, que estaba en la galería de fotos de los gobernadores, simbolizando la única

vez que un gobernador electo cedió a otro electo, el sillón de la calle Alcorta. Luego,

esos policías marcharon a reunirse con sus compañeros, quienes se autoacuartelaron en

las comisarías y destacamentos. El comisario Zerbo renunció y en su reemplazo asumió

el comisario mayor Horacio Guardo. El patrullaje urbano quedó en manos de

Gendarmería, mientras Guardo negociaba con los autoacuartelados, lo que ocurrió hasta

el 1º de octubre, cuando se anunció un aumento del 21,6% y que casi no se investigaría

lo ocurrido. Pero la fotografía de Puricelli y Del Val no regresó al Salón Blanco. La

justicia frenó los paros docentes y, a pesar del descontento por el pago en cuotas de los

salarios, la Apap comenzó a desnudar las contradicciones internas que sólo se

resolverían a comienzos de la gestión Kirchner, con quien coincidía su secretario

general, Rafael Agulló. En tanto, los hombres de Kirchner se preparaban para romper

con Flores y Granero, y así llegar con el menor costo posible a los comicios de

septiembre de 1991. A Kirchner le preocupaba no dejarle ningún margen a Bochi, no

fuese que éste quisiera consolidar algún liderazgo; a la vez, procuraba controlar a la

UCR que balconeaba la situación que describía como el resultado de las internas

peronistas. Así, se trabaron en la Legislatura casi todos los proyectos que envió el

Ejecutivo, y la realidad financiera ahogó a Santa Cruz. El año 1990 es recordado en la

provincia como el año cuando los estudiantes pasaron de grado por decreto. Con el

Ministerio de Economía sin dinero y sin resultado en las negociaciones por las deudas

que la Nación e YPF mantenían con la provincia de Santa Cruz por regalías de

hidrocarburos, Granero tenía pocas posibilidades de éxito. Tampoco podía ajustar los

gastos en personal porque eso le permitiría reagrupar fuerzas a Puricelli, quien aún

esperaba una intervención federal. Así, Granero, un hombre que había sido felicitado

por la Nación luego de liquidar el parque automotor mucho antes que Adolfo Rodríguez

Saá hablara de ello, que había obtenido una Ley de Emergencia que lavó el Legislativo

provincial, y que fue invitado a sumarse al PJ y buscar un escaño nacional, pasó su

gestión buscando dinero que... nunca consiguió. El 1º de mayo de 1991, leyó el

tradicional mensaje a la Cámara y, dos días después, renunció.

 


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