INTRODUCCIÓN



Néstor Carlos Kirchner nació un 25 de febrero de 1950, en Río Gallegos, una ciudad por
entonces de 6.000 habitantes. Su nombre se ajustaba a una larga tradición de hombres
de la familia, quienes portaron alguno de los nombres del primer Kirchner que llegó a la
Patagonia, a principios del siglo 20. Su padre, empleado de Correos, donde llegó a
tesorero, se llamaba Néstor, hermano de Carlos, Delia y Zulema, descendientes de
Carlos Kirchner y Margarita Kaenel. El primer Carlos se radicó como comerciante de
Ramos Generales, y desde su comercio trabó relación con los sectores que detentaban el
poder real en la provincia de Santa Cruz. Su nombre está inscripto como aportante a las
autoridades y cuerpos de seguridad, en tiempos en que los ganaderos optaron por armar
policías y una Guardia Blanca, para terminar con los peones, como ya habían terminado
con los nativos tehuelches. La proclama de los huelguistas lo incluyeron en el listado de
los comerciantes a boicotear, por su defensa incondicional de los postulados de la
Sociedad Rural y la Liga Patriótica. "Para contrarrestar, debidamente, los injustos
ataques a las autoridades del territorio y de la Nación... ", el 11 de enero de 1922, se
constituye la Unión Cívica Radical del Territorio, y Don Carlos Kirchner rubrica el acta
que es la continuidad por otros medios de la defensa de los mismos intereses, los
propios. A la costumbre de recibir los nombres de sus antepasados no escapó su
hermana, Alicia, quien lleva el agregado de Margarita, por la abuela Kaenel. Su tercer
nombre es Antonia. Estudió y se recibió de Asistente Social, y en los recesos entre
funciones gubernamentales, y aprovechando a su cuñada en el Congreso, obtuvo el
Doctorado. La figura del abuelo Kirchner quedó en lo profundo de la memoria de chicos
que hoy son hombres maduros y todavía se estremecen al recordar las mensuales
humillaciones a la que eran sometidos sus padres. La de un hombre alto, enfundado en
un pesado abrigo gastado, quien invariablemente golpeaba con su bastón las puertas de
sus viviendas para reclamar el pago del alquiler, usurero gozoso, sabía que faltaban
algunos días para que cobraran y sólo por el placer de escuchar sus excusas, los visitaba
el primer día de cada mes. La misma impronta, la de su nieto, pero con traje de saco
cruzado y anteojos de cristales verdes, llegaba a las de los clientes morosos para llevarle
los bienes adquiridos. Su perfil de nariz pronunciada, el remolino en la coronilla y los
ojos saltones le valieron el apodo de Lupín, como el famoso personaje de historietas
infantiles, su derivativo, Lupo, mostraba que el apodo tenía variantes que daban en la
tecla con la verdadera personalidad. Otros apodos sólo quedaron relegados a las voces
en sordina. Tordo, Cuervo, Cara con Mango, Flaco, ninguno quedó, sólo Lupín, un
apodo que definía mucho más que un aspecto físico de su portador, se convirtió en
identidad política, en las formas que adoptó el manejo de la cosa pública y sirvió para
que el tradicional y conservador diario La Opinión Austral, en cada viraje hacia el
oficialismo, pasara a denominarse, popularmente, Lupinión Austral. Cuando Lupín
incorporó a sus primeros discursos públicos de campaña para intendente de Río
Gallegos, la advocación a los pioneros, todos recordaron al abuelo Carlos, quien sostuvo
la posición de eliminar de raíz las luchas obreras, y quien sobre las osamentas de los
peones, en las fosas comunes, se forjara una palabra que atravesará toda la historia de
Santa Cruz: miedo. Sin entender esta matriz de los santacruceños, y en particular de
éste, es muy difícil comprender cómo se logró construir un feudo en pocos años. #
Néstor niño Las fotos de la etapa escolar lo muestran con todos los atributos físicos
conocidos: alto, narigón, luciendo el corte de la época -a la americana-, y los también
típicos pantalones cortos hasta las rodillas, acompañados por medias tres cuarto, gruesos
marcos negros en los anteojos que intentaban corregir la posición de sus pupilas. Sus
maestros lo tienen presente como un niño inteligente pero apocado, vulnerable a las
bromas, que prefirió refugiarse en la protección que le brindaban chicos más grandes,
con los que compartió los picados en "la canchita", como llamaban a un baldío de la
calle Pasteur. "Cuando empezó el secundario, se integró a otros grupos, pero a los del
barrio no nos olvidó", cuenta un amigo, al recordar a los integrantes del grupo de la
infancia, refiere nombres que aparecerán siempre en las cercanías de Kirchner, como
Oscar 'Cacho' Vázquez, proveniente de San Julián, o Juan Carlos Has. Un viejo profesor
cuenta que en el colegio secundario era líder de "un grupito quilombero, de discutir por
pavadas o de caprichoso", y una docente refiere un enfrentamiento con Lupín cuando,
junto a otros jóvenes, enfrentó una disposición interna que establecía el 7 como la nota
que habilitaba para participar en los juegos intercolegiales. Para el Diputado 25,
seudónimo del profesor Emilio García Pacheco, un periodista conservador que se
convirtió en seguidor y publicista de Kirchner, el Lupo no era un buen alumno. # En La
Plata La política se transformaba en un poderoso imán para quienes partían a estudiar;
provenientes de familias de clase media acomodada, que emparentaban sus actividades
con la de los estados nacional y provincial, y desde una pequeña capital de provincia
que, con pocos años de experiencia como tal y siempre alterada por intervenciones y
golpes de Estado. El radicalismo, así como también el todavía proscripto peronismo, los
sumaron a sus agrupaciones juveniles. El Kirchner que llegó a La Plata, y a las
habitaciones de El Castillo, se dejó crecer el pelo, alto, flaco y desgarbado, mantuvo su
costumbre de ser poco afecto a cuidar su indumentaria, se convenció que el peronismo
era el camino para la revolución en ciernes, y se integró a la Juventud Peronista,
encuadrándose en la Federación Universitaria para la Revolución Nacional (FURN), en
la agrupación de la Facultad de Derecho. El Castillo era la denominación de una casa
alquilada por un veterano estudiante, quien luego de algunos años de jolgoroio, se
aplicó al estudio y concluyó, rápidamente, su carrera de abogado, Néstor Osvaldo Peña,
alias Tussi. Él proveyó a El Castillo de un televisor y esto atraía comprovincianos,
quienes en muchos casos sólo la veían en las vidrieras de un comercio, durante las
escasas horas de transmisión del Canal 9 local. Peña ya era cabrero y gritón, y
compensaba la baja estatura con el respeto que infundía la diferencia de edad. Si el Boca
Juniors de sus amores perdía, la transmisión de fútbol obligatoriamente se cambiaba por
el Mundo del Espectáculo u otra programación de cine. Casi toda la generación de
políticos radicales y peronistas actuales pasó por esa casa. De El Castillo partían los
santacruceños a jugar algún partido de fútbol y una anécdota apoyada en pruebas, relata
que "enfrentando a un equipo de residentes peruanos, tan habituales en aquellos tiempos
en las universidades, Lupín, luego de un encontronazo, se calentó y comenzó a insultar;
los trató de 'negros de mierda', de 'muertos de hambre' y otras linduras, hasta que un
morocho fibroso, le pidió que parara con las agresiones. Lupín lo invitó a pelear
al costado del campo, y aceptado el convite, el Lupo le dio la espalda y empezó a
caminar al lateral" (el ex estudiante platense se ríe e imita el tranco desgarbado de
Kirchner). "Cuando movió los brazos así (imita el braceo), el peruano lo agarró, lo
levantó y lo tiró al suelo, dándole patadas en el culo; Lupín nos pidió ayuda, nosotros
nos reíamos y yo aproveché para sacar esta foto, con una cámara que siempre llevaba...
por supuesto que la foto la tengo duplicada y guardada". Otro veterano estudiante
platense, cuenta historias del Gobernador (hoy Presidente) y sigue sin comprender cómo
aquel tipo, objeto de todas las bromas, llegó a ser lo que es. Las bromas giraban sobre la
nariz y los ojos, pero como Lupín siempre tuvo problemas para pronunciar las
fricativas, se las arreglaban para mandarlo a comprar las pizzas, y que tuviera que
sorporar las chanzas invariables del vendedor. Es que el Lupo las eses y las zetas las
convierte en jotas. "En lo que no cambió es en su manía por los dólares. A La Plata le
llegaba el giro de la familia y el Lupo salía disparado a comprar dólares, y en esa época
nadie se calentaba demasiado por las cotizaciones, pero él sí, cada tanto los contaba y
calculaba las ganancias con el precio que aparecía en el diario". Un sobreviviente, con
el que circunstancialmente compartió un departamento, rememora un costado insólito
de Lupín: "Una noche, me despertaron los gritos roncos de una persona, cuando terminé
de despertarme, me di cuenta que provenían de muy cerca, era el Flaco, que imitaba a
Perón con una escoba de micrófono; le dije que se dejara de romper las pelotas, y el tipo
nada, seguía con el discurso, prendí la luz y ahí estaba, escoba en mano, poniendo la
otra mano como el Viejo y totalmente dormido, es que Lupín era sonámbulo y yo no lo
sabía". La militancia universitaria era compartida con otro riogalleguense, Rafael
Flores, alias Rafa, hijo de un empleado bancario y popular arquero de fútbol, y de una
señora Sureda que, como el abuelo de Kirchner, estaba entre los descendientes de los
pioneros. Uno de ellos, José Sureda, está entre los fundadores del peronismo provincial;
otro Sureda, militar, fue abatido por la guerrilla; su tía Ángela fue asesora del primer
gobernador de la dictadura, en 1976, intendente del Proceso y dirigente radical en la
naciente democracia de los '80. Rafa recuerda que Lupín se abrió de la FURN, por
disidencias, y para cuando, en abril de 1973, se unen al Frente de Agrupaciones Eva
Perón, de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), para conformar la JUP
(Juventud Universitaria Peronista) platense, el Lupo ya no militaba, al menos en el
frente universitario. El tabicamiento de las estructuras conspira contra la tarea de
encontrar referencias de continuidad en la militancia de Kirchner en las agrupaciones de
superficie de Montoneros, salvo sus propias expresiones frente a un auditorio donde se
encontraba Miguel Talento; allí habló de sí mismo como fundador de la JUP. Al menos
en La Plata, su ámbito de militancia, esto está descartado por un integrante de la Mesa
de Agrupaciones, quien dio a conocer la unidad de la FURN con FAEV, en la nueva
Juventud Universitaria Peronista: el propio Rafael Flores. Tampoco alguno de los
participantes de la trifulca a golpes de estas agrupaciones, el día de la liberación de los
presos peronistas de la U9, recuerdan al flaco santacruceño. Los riogalleguences que
fueron a La Plata luego del '73, rememoran que Lupín se quedaba comiendo salchichas,
cuando se sabía que en el comedor universitario habría algún acto. Los militantes
setentistas de Gallegos, no lo reconocen como un par. A pesar de la escasa población de
la ciudad, que atentaba contra el tabicamiento de estructuras, se dieron una organización
férrea y lograron una mínima estructura militar, con condiciones de seguridad interna
aceptables. Al consultar a cuadro y militantes de base de la regional 7 de la JP, el
nombre de Kirchner no es reconocido como integrante, sólo lo recuerdan ocasionando
problemas. El 8 de enero de 1974, la UB Abal Medina, que aglutinaba a los militantes
de superficie de la M, en Gallegos, organizó una campaña del juguete, junto a la
Juventud Radical, que tenía como atractivo una maratón radial en LU14 Radio
Operativo Cóndor, como se denominó en aquellos años a la actual Radio Provincia del
Estado. Los juguetes se iban a repartir en los barrios periféricos, pero un grupo de
mujeres y niños armó un gran lío bajo la conducción del joven Lupín, que gritaba
"Montoneros, carajo", e impulsaba a tomar los juguetes antes del reparto. "Se armó un
terrible escándalo que nos arruinó todo el trabajo", recuerda, indignado, un militante de
la JP. "Cada vez que aparecía por la ciudad, se metía en patoteadas de este estilo, se
llegó a discutir si lo hacíamos boleta". Al periodista Alfredo Leuco, hablando sobre el
uso para fines políticos del avión sanitario de la provincia, le dijo:
"(...) y esa ley, Alfredo, le puedo asegurar que yo la sufrí, yo fui preso en el gobierno de
Isabel, por la 20.840, cuando derrocaron a Jorge Cepernic en Santa Cruz, en el '74 (...)".
Ni las crónicas periodísticas, ni los trabajos de investigación de la Universidad Nacional
de la Patagonia Austral, que tratan temas como la participación de la juventud en los
años '70 y comentan la militancia juvenil peronista previa y posterior a la intervención
al gobernador Jorge Cepernic, dan cuenta de la militancia o de la cárcel que se adjudica.
Siempre frente a periodistas que no conocen de sus defecciones, sostuvo que "Cuando
Reutemann corría correras, yo estaba preso". Acerca de el Lole, hay pruebas de que
corrió, con dispar suerte en la Fórmula Uno; pero de las cárceles de Kirchner, sólo las
que crea su imaginación. Los pasos posteriores a su defección de la FURN, se pierden y
sólo la autoreferencia lo ubica militando en las agrupaciones revolucionarias del
peronismo.

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