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LUIS ALBERTO TABORDA

 

Nació en La Rioja en 1953. Desde 1984 reside en Tinogasta de Catamarca, lugar que él eligió (y que lo eligió a él) para ejercer la docencia y muchas otras actividades de carácter cultural y de otro tipo. En el campo de lo literario, su producción hasta la fecha comprende las siguientes obras:

-Poemas, sonetos y canciones (poesía, 1986)

-Kakán (poesía, 1992)

-Cuestiones impertinentes (aforismos, 1995)

-Baúl de Letras (canciones, en co autoría con Ramón A. Sierralta, 1997)

-El desalejado (poesía, 2002)

-La quebrada del río de Arriba (relatos, 2003)

-La bala de plata y otras razones (aforismos, 2004)

-Cuaderno de Vida (poesía, 2004)

Ha participado en numerosos encuentros y jornadas literarias en la provincia y en la región. Conjuntamente con Juanita Acosta coordinó el Taller Literario Mamagasta en su ciudad de Tinogasta. Además, es editor de libros y, como si esto fuera poco, tuvo librería instalada: "Kakán Libros", también en Tinogasta. De esta enriquecedora experiencia sólo puede comentar que su efímera existencia llegó hasta diciembre de 2001. Huelgan los comentarios. 
 

El oro

(Del libro Habitante de la Paradoja) 

   Sostengo en mi mano

un puñado de vainas de algarrobo.

En cada una de ellas,

en cada estuche dorado,

maduran su sueño las semillas 

Las semillas de algarrobo,

las semillas del sol,

el oro americano. 

Yo no lo sabía pero ahora lo sé:

cada pequeña semilla

es casi idéntica a otra.

Tienen la misma forma

y el mismo color

y el mismo tamaño

y hasta el mismo peso las iguala. 

Por ello, alguien,

un inglés cualquiera,

/ en el tiempo en que los ingleses

eran los dueños del mundo /

pensó que había que aprovechar

esa maravillosa constancia.

Que ese uniforme milagro

debía tener precio y medida.

Y así nació el quilate. 

En las joyerías suntuosas

de Londres o de Roma

o de París y Venecia,

minuciosos orfebres

equilibraron los platillos

para aumentar la ganancia:

de un lado oro, diamantes, gemas sin cuento

y en el otro semillas y semillas

de algarrobo. 

Hoy nosotros ya hemos olvidado

esta historia y acaso nos parezca

que tiene cierto olorcillo a fábula

y no a suceso verdadero.

Pero yo la recupero

porque creo que América es esto:

el despojo más grande del que se tenga noticia

y a la vez la riqueza más grande. 

Por eso entre mis manos

contemplo este tesoro

que no pudieron arrebatarnos:

las semillas del Taku,

las semillas del sol,

las semillas que sueñan

desde su cuna dorada

con el oro de América. 
 

La permuta

(Del libro Habitante de la Paradoja) 

   Permuto discurso por comida

virginidad por tibieza

acometida por bondad

celofán por césped

globalización por terruño

pintor por pintora

traje de amianto por poncho de vicuña 

Vozarrón por susurro

acomodo por dignidad

facilidad por hábito

interés por curiosidad

niño por dos niños

canto castrato por vidalita

felicidad por fuego 

Armas por aroma

seguridad por imprevisto

visita por residencia

cielo por parcela

cautela por desenfado

conformidad por vértigo

tierras raras por arcilla 

Y a toda tu tecnología de punta

por el vuelo incierto

de una mariposa blanca

   en el medio

del aire transparente 
 

Mi comarca

(Del libro Cuaderno de Vida) 

   Queda lejos mi comarca,

a por lo menos 1.500

kilómetros de distancia

de la vanguardia más próxima. 

Imagínate haber transpuesto

la gran llanura de Manchuria

o el desierto de los tártaros. 

Para luego surcar el nombre

de un río autóctono,

y dar con un paisaje abstracto

de piedra recortada

contra un telón azul de fondo

de profundo abismo. 

En estos parajes la poesía se reescribe

con fuerza salvaje.

No existe otra opción:

o es la palabra

o es medio millón de leguas cuadradas

en las que solo crece

una planta llamada tola. 

Ni aunque convoques a todos tus dioses

o a todos tus muertos

podrás entender lo que te digo:

aquí debemos inventar

nuestra manera de nombrar el mundo

antes que acabe el día. 

Aquí, ya dos poetas

agotan el repertorio de toda una provincia.

Y si son tres, seguro uno

habrá retirado ofendido

   su saludo

al resto del círculo áulico

por no aparecer mencionado

en la última antología

del territorio. 
 

No confíes incluso

en lo que te digo

dado que mis percepciones

pudieran estar ya muy dañadas

por la soledad en la que escribo

   en este lugar remoto.

Y quizá viva de ensueños o espejismos,

como aquel personaje de Kafka,

que apoyado en la cornisa de su balcón

imaginaba al mensajero del Emperador,

corriendo implacable hasta su casa. 

Sin embargo, no debo renegar

   (aún) de mi experiencia:

es más procuraré afirmarla

apelando a versos sarcásticos

   u obscenos,

a odas, a ocurrencias inefables,

aforismos, palíndromos o sonetos.

Cualquier recurso es bueno

con tal de soslayar la indiferencia. 

Habito mi sino,

   mi comarca.

El noroeste me devasta. 
 

El país

(Del libro Habitante de la Paradoja) 

   El país que yo tengo es éste

alto pedregoso indiferente 

El día verde a veces viene

a veces no 

Entonces debemos contentarnos

con lo que hay

en nuestra alforja de quimeras 

Un duende por aquí

un riacho impenitente por allá

un cóndor en la alta cumbre 

Y con esta poquedad

labrar la vida

la palabra 

Exornarla hasta que vuelva

otra vez la primavera 
 


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