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IRMA DROZ

Nacida en Córdoba (capital), reside en Santa María de Punilla. Escritora, docente, agente cultural. Organiza tareas y grupos culturales desde 1960. Fundadora de "AMÉRICA MADRE", “AMA”, Institución Cultural Internacional, con sede central en Santa María de Punilla (Córdoba), y representantes en ciudades de Argentina, Chile, Perú, Uruguay, Puerto Rico, Estados Unidos, Bolivia, Colombia, Ecuador e Israel. Es "Mensajero del Manifiesto 2000", por una cultura de paz y no violencia, UNESCO. Ha recibido numerosos premios y distinciones a nivel provincial, nacional e internacional. Sus trabajos se publican en antologías, periódicos, revistas y otros medios de distintas ciudades de América y Europa. Ha prologado y presentado libros de poetas argentinos. Es invitada como panelista, presidente de mesas directivas, a exponer sus programas culturales y poesías, participar de conferencias, recitales, congresos y encuentros de escritores en diversos países de América.  

SU OBRA

Los que siempre estuvimos

         

Aquí estamos aún, los que siempre estuvimos,

volviendo del exilio de la idea y la palabra.

Aquí estamos aún, porque así lo quisimos.

El invierno ha pasado.

Hoy la savia reverdece.

Aún tiene sabor amargo...

Fuimos los muertos de pie y en carne viva,

testigos de la infamia, con los ojos vacíos

y nuestras manos huecas labrando la esperanza.

Con el frío en los huesos y el paso vacilante.

Con el llanto enmudecido

en algún rincón del alma,

y el miedo agazapado, como sombra a la espalda.

Pero aquí nos quedamos,

gastándonos los sueños

y sin otra fortuna que la de seguir estando,

porque el hogar, los hijos...

porque esta tierra nuestra,

porque el dolor, la Patria...

Porque aunque muertos y de pie,

seguíamos haciendo falta

como estandarte, para anunciar la vida;

como el mástil necesario para enarbolar la Patria.

El invierno ha pasado,

la savia reverdece,

en cada surco nuevo germina la esperanza

y de aquel sabor amargo que trepó a las gargantas,

hoy queda sólo un poco,

un poco..., casi nada. 
 

Tinaja Mujer 

            Dedicado a M.A.R. 

En el antiguo silencio de cada vasija añera,

me parece adivinar tu corazón

                       Madre Tierra.

El calor de tus entrañas está vibrando en el rojo

de cada tinaja niña que se arranca de tu vientre,

porque son ellas tus hijas

                      Pacha Mama del silencio;

carne de tu misma carne, fruto eterno de tu suelo...

Tu hombre barro, el que te habita,

el que recibió el aliento de aquel Eterno Alfarero,

quiso acariciar tu piel

                    y en esa caricia tierna

se fue moldeando el amor, hecho tinaja de tierra.

Tinaja Madre, que abriga un secreto hecho promesa

                    depositado en su seno.

Sólo ella puede guardar los milagros de la tierra,

porque ha templado sus carnes

en el calor de la hoguera que enciende el amor eterno...

¡Yo soy Tinaja Mujer, desde el principio del tiempo!

que se ha moldeado en las manos

                                   del amor de mi alfarero;

aquel que hizo de mi tierra, surco fecundo en la siembra

y se fue tornando en llama, para templarme en su hoguera!

Por eso, hoy guardo un milagro muy adentro de mi seno,

que va curvando mi vientre, para albergar con tibieza

                     este destino de hijo,

que ya está soñando el sueño de tinaja, madre tierra,

                        o enamorado alfarero. 
 

Hacia la luz 

Rodaba la cuarta luna dando rumbo a mi esperanza

y hubo un temblor en mi vientre

                              que se anudó en mi garganta.

¡Por fin se anunció el milagro!

Quise gritárselo al mundo:

¡Ya está aleteando mi niño...! ¡Mi niño ya está aleteando!

Todo mi cuerpo fue nido para proteger su sueño.

Mi corazón entibió cada rincón, con su sangre

y moderó sus latidos para poder acunarlo.

...Tierno cansancio me invade

                              con esta tan dulce carga... 

¡Qué hermoso será pequeño, adormecerte en mis brazos,

verte correr por la casa; crecer, entre risa y llanto...

Y qué difícil, tal vez, comprender tus travesuras,

tu natural desafío y tu apuro por ser “grande”...!

Quiero escribir en mi pecho,

las “setenta veces siete” que tendré que perdonarte. 

Pero el momento ha llegado:

Nueve lunas se han cumplido y en mi carne ha madurado

este torrente de vida que está buscando su cauce.

...Y ya mi vientre se parte, como fruto de verano.

¡Qué feliz dolor es este, del hijo que está naciendo

                              y pronto estará en mis brazos!

Creo que estallan mis sienes... pero ya escucho su llanto!

¡¡Vamos mi niño a la luz, la Vida te está esperando!! 

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