Andrés Bohoslavsky
Andrés Bohoslavsky nació en Río Negro, Argentina. Colaborador del sitio de literatura beat dirigido por Sergio Rigazio; colaborador permanente de Verulamium Press, St. Albans, Inglaterra, dirigida por Robert Gurney.
Publicó El pianista del Black Cat y otros poemas (La Carta de Oliver, 2007), China ocho milímetros (La Luna Que, 2004), El ghetto de Vincent (texto adaptado para teatro, Holanda-Rusia), Casi un asesino y otros poemas (Vela al viento, 2007), El río y otros poemas (bilingüe, St. Albans/Inglaterra), The river and other poems (Verulamium Press, traducido por Rober Gurney, 2004).

Hojas de mármol
Me acerqué a Miguel Ángel
y le pregunté
cómo obtener esas formas
del mármol.
Me dijo que ya existen
antes de esculpirlas
sólo se trata de sacar lo que sobra
lo que está de más.
Aquí debiera haber un poema
pero no lo encuentro.
La hoja en blanco
lo contenía
pero acabo
de arruinarlo.
El río, la familia sagrada y los milagros
Fui al río en Navidad.
Deseaba estar solo, alejado de los ruidos y los festejos
llevaba en mi mochila unas cervezas y unos libros.
Cerca mío, una familia asaba un cordero
en silencio
destapé una botella, encendí el farol
y me puse a leer
luego el padre se acercó
me dijo si quería compartir la mesa
no dudé
pensé en un milagro navideño
él giró y pareció sonreír.
La mesa era sencilla
entramos en confianza
les conté de mi vida, y ellos de la suya
él era carpintero, en un barrio humilde
José
el chico jugaba con las piedras
corría hasta la orilla del río y volvía con su madre
a abrazarla.
Conversamos hasta tarde
me preguntaron si creía en los milagros
les dije que no
que apenas creo en mí.
Desperté en el pasto
soñé que el chico caminaba sobre el río
que obraba milagros.
Cuando volví a la pensión
encontré tu carta
diciendo que no me habías olvidado.
La montaña mágica
Jean Jacques Rousseau
a mi padre
caído en las garras de un xX.
Al final de la calle Morgan
donde el pueblo termina
estaba la montaña mágica.
Los que creíamos,
subíamos a pedir tres deseos
de los comunes y de los otros:
los impronunciables.
Supongo que ella cumplió todos
al pie de la letra.
Recuerdo algunos casos
célebres:
el banquero que condonó las deudas
el millonario que regaló casas
la profesora que aprobó a todos
el club del barrio que salió campeón.
De los impronunciables
sólo me atrevo a recordar uno:
la muerte accidental
de xX, el usurero
el hijo de xX, demolió la montaña
y construyó una cárcel
muy bonita
donde cuelgan los deudores, los pedidores de deseos
y los poetas.
Ceguera
“Si un hombre escucha por la mañana el camino correcto,
puede morir por la tarde sin arrepentimiento”.
Confucio
Cuando llegamos al borde del precipicio
debía empujar a Harry, el ciego,
y cumplir de una vez y para siempre
con su pedido.
Él estaba harto de la indiferencia del mundo
de la burla de la gente
de vivir como un mendigo.
De que el único que leyera sus poemas fuera yo.
Lo abracé, le dije que entendía perfectamente;
lo miré a los ojos
le puse este poema en el bolsillo
y me arrojé.
La parábola de la falsa coral
Su mordedura no te mata
la palabra vacía tampoco.
Un buen escritor es una coral verdadera.
Todos los poemas anteriores pertenecen a El pianista del Black Cat y otros poemas, octubre 2007
Un poeta
Si me preguntás
qué es un poeta sinceramente no sé la respuesta
pero quiero hacer un esfuerzo
decirte algo, aunque sea incompleto
y aparece un lugar, una pradera
en la pradera una casa y un molino
en la casa un viejo con ropa destrozada
libros tirados, perros que ladran
canillas que gotean, ventanas rotas
tapadas con cartón
unas hojas sobre el piso
el sillón que más me gusta
ahí estoy sentado
mirándote
preguntándome qué hice con mi vida.
De Casi un asesino y otros poemas
Casi un asesino
La dueña de la pensión
dejó un papel que decía
a partir de Febrero
las piezas a 180.
No hubo revolución
no flamearon banderas socialistas
no hubo barricadas
ni Mayo Francés ni panfletos
que llamaran al alzamiento
ni pintadas anarquistas
ni puños en alto
ni banderas del Che
ni de Sandino, ni de Lenin, ni de Trosky
encima Ho Chi Min me miraba callado desde el póster.
Tal vez en un rato venga el ejército Rojo
a darme una mano
solo una cuestión de tiempo.
Esperé tres días
al cuarto pensé en asesinarla
y en las complicaciones para mi familia
salir en los diarios
los comentarios del barrio
las voces que murmuran
ahí van los hijos del asesino
entonces le pagué
le dije que la entendía
la devaluación, el libre-mercado, la usura internacional,
la banca Morgan, la crisis de Medio Oriente,
el endeudamiento externo, la misión del F.M.I. llega mañana
y me volví a la pieza
a escuchar a
Beethoven.
Estos dos últimos poemas pertenecen a Casi un asesino y otros poemas
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Estos poemas han sido publicados en la revista digital con voz propia de noviembre-2007 y de junio-2008
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