Ana María Mopty –
Es profesora en Letras, actualmente trabaja como docente, vive en Tucumán y preparó su tesis acerca del microrrelato en el NOA. Publicó diversos libros de cuentos y microrrelatos, entre ellos: Entre Sur y Norte, Microrrelatos, Con ojos y alas y Migraciones. Publicó en antologías provinciales y de Buenos Aires.
Clasificados
Gratificaré devolución de palabras perdidas a la vuelta de la esquina. Llevaban trote de perro vagabundo y ojos de pájaros sin nido. Me he quedado sin colores y no puedo iluminar mis sueños. Sólo ando solo vivo.
El marco
Nuevamente alguien que se me parece ha quedado encerrada en el marco refulgente. Se mueve, busca, se acomoda y cambia. Se agita. De un portazo cierro la puerta y ahí la dejo. Apuro los pasos fatigando los pasillos, escalera, puerta. Llave en mano, la dejo sola hasta que anochezca.
Divorcio
La tristeza verdadera está en las tazas, en los sonidos del platillo acompasando una canilla mal cerrada. En cuanto a las tazas ¡oh, las tazas!, no se miran ni se tocan, los bordes se hacen ásperos y el líquido llega a labios vacíos de palabras: nada qué hacer ni qué decir en el desayuno de gargantas oprimidas sin apuro junto al diario.
Definitivamente se emborrona el recuerdo con el último sonido que decrece en el plato. Paralelamente queda, sobre la mesa, cada plato.
El círculo se va a cerrar
Abren el vientre del charco los vehículos que pasan por la esquina. Sin proponérselo cada uno se lleva: consuelo de perros vagabundos, noche resguardada, estrellas, rocío.
Con amor
Fue antes de anteayer que te llegaste, evanescente y frágil, cada vez que te nombraba. Al aire he lanzado un beso y me ha quedado dulce la boca de tus labios. Con la última mirada, esmerando la firma, la encerré en el sobre.
Todas las noches
Debió convencer primero al visir del rey, su padre; luego a la hermana para que juntas superaran tamaño desafío. Cosa distinta sería organizar mil palabras en más de mil noches. Preparada para la vida o la muerte, se arregló el pelo y la túnica; ensayó sus gestos y las manos, libre de anillos inauguraría historias como sólo ella, Sherezade, lo hacía.
La barcaza
Clausuraron de un golpe las puertas y quedaron apenas las ventanas redondas para que el sol las lamiera en las mañanas. Pero no, sólo la lluvia. Adentro sonidos diversos y ellos. Eran pocos para atenderlos y acostumbrarse a sus modos naturales. Primero fueron plumas las que le tocaron la cara, después un lomo enorme que sintió junto al olor a cueros y al relincho. También rozaban cabezotas firmes y ojos que miraban mansos.
Fue mucho y continuado en días sucesivos. -¿Y el sol?- se pregunta a sí misma, como nuera reciente invitada a acomodar su “yo” en la barcaza.
Todos los días son jueves
Entre la pared norte y la pared sur se nos ha instalado una lágrima. Se agranda en un espacio donde temo caer ahogando todo recuerdo grato o esperanza. Si sucumbo ante los golpes de sus aguas, no contestarás a mis llamados. Te quedarás ahí ensimismado, apoyándote en el respaldo de la cama. Será jueves y me iré sin que me pienses, vencida, dominada, conducida por el caudal de sus aguas, absolutamente náufraga.
Ingenuidad
Un hombre, perdido en el cinto de su ropa, se alarma. Piensa cómo pudo perderse su persona. Reconsidera. Medita. Reproduce momentos. Se propone cambiar de ropa. Imposible. Tiene encintada el alma.
El diario
En cualquier ciudad ruidosa, iluminada, un diario no es un diario según la hora del día. A la mañana se lo busca, se lo paga, se lo lleva bajo el brazo; por la tarde, poco importa y a la noche ya sin cuerpo y arrugado va a para a un asilo de desechos, junto a cualquier cosa en cualquier ciudad.