ALFREDO LEMON
Córdoba es su ciudad de origen. Es abogado y profesor de filosofía y como tal ejerció en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Córdoba y fue miembro del Ateneo Filosófico de Nueva Córdoba. Continuó en la docencia en la cátedra de Derecho Constitucional en la Universidad Blas Pascal; en la cátedra de Historia de la Cultura en la Universidad Católica de Córdoba y en la cátedra de Teoría de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales.

Obra poética: Cuerpo amanecido (1988), Humanidad hecha de palabras (1993), Sobre el cristal del papel (2004). Ensayo: El mono metafísico (1991).
Obtuvo numerosos premios. Colabora en varios medios literarios del país. Es miembro asistente al Seminario de autores de Córdoba en la Universidad Nacional de Córdoba.
Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, al italiano y al francés. Actualmente es miembro del Foro Internacional de Literatura y Cultura por la paz.
Adiós a las aulas
Perdónenme alumnos,
es poco lo que tengo
y por eso no ofrezco demasiado.
Ciego como un trompo
giro en la mitad de mi vida
y aún no aprendí lo suficiente.
La técnica se estudia, el talento no.
Me invaden emociones que después desaparecen:
divorcios, desafíos, quiebras, frustraciones.
En mi memoria cabe aquello que me falta,
sé que hay estrofas que soy incapaz de escribir.
Perdónenme alumnos,
es poco lo que tengo
y por eso no ofrezco demasiado.
El arte sólo nos enseña a perder.
Todo poema esconde una mentira.
El escritor apenas puede pedir una disculpa.
La superficie de las cosas
No todos los días el mundo se ordena en un poema.
Cuando joven, el poeta es un príncipe
jugando con sus palabras como si fuesen dados;
cuando viejo, es el errante vagabundo,
embriagado de locura y solo.
Al fin, la verdad no importa.
La búsqueda cuenta más que el hallazgo
y las cerezas de la tierra van perdiendo sabor.
En la página en blanco se oculta la belleza.
Delectación (poema inédito)
El alma y el cuerpo necesitan su alimento:
el ritual de los felinos y la contemplación.
El sol irradia su fuego y el corazón su espíritu;
prostíbulos y monasterios, teoremas y silogismos.
Vértigo místico, emoción salvaje:
el deseo danza desnudo en las orillas del ser.
Déjame contemplar tu lunar hasta dormirme.
Cobija mi pena hasta hacerme llorar.
Exorcízame. Bendíceme. Inspírame.
Por ti, sólo por ti,
-mordiendo rosas
moriría.
Mapa del corazón
Un hombre besa a una mujer
después de haber llorado.
Se apagaron los ojos de los sabios
y no pude preguntarles
si acaso alguna pauta, algún secreto
daría sentido a la existencia.
Abrí los libros y cerré la vida.
Cerré los libros y abrí la vida.
Quedé tan desamparado como el mundo.
Cada vez más lejos de la verdad.
Cada vez más lejos de un refugio.